Es curioso como los hoteles despiertan nuestro morbo y sensualidad. Aunque me pregunto si son los hoteles o el romper con la rutina, de todos modos imagino que tiene mucho que ver también la persona con la que vas.
La última vez que estuve acompañado en un hotel, fué una noche de sexo maravillosa. Recuerdo especialmente cuando, después de hacerlo varias veces, te ofrecias a cuatro patas y como te penetraba salvajemente, casi fuera de mi mismo, tirando con fuerza de tu cabello y en medio de la locura sorprendiendome que no te quejases de lo fuerte que tiraba de tu pelo. Sin duda alguna fué una follada monumental. En ese momento el hotel era el templo del morbo y tu, sin duda alguna, eras mi diosa.
EUREKA


